Tom Dumoulin y los riesgos de los ciclistas profesionales «quemados»

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Foto: Team Sunweb

Tom Dumoulin ya es historia del ciclismo. El neerlandés no volverá a colgarse un dorsal de su espalda ni volverá a competir en ninguna prueba del calendario profesional. ¿Los motivos? El propio Dumoulin los ha ido avanzando, pero ahora es el momento perfecto para una reflexión más pausada por parte de un ciclista que no compite desde la Clásica de San Sebastián.

Tom Dumoulin es uno de los casos más claros en los que la capacidad mental de sufrimiento queda absolutamente quemada tras varios sinsabores: «El depósito está vacío, las piernas se sienten pesadas y los entrenamientos no están resultando como esperaba. Tuve que interrumpir mis esfuerzos para volver a mi antigua forma y lidiar con otra decepción. Fue una más», se explicaba el ciclista de Jumbo-Visma al comentar los problemas que estaba teniendo para volver a encontrar el golpe de pedal de las temporadas anteriores.

El problema es que esa sensación de Dumoulin se está extendiendo a otros corredores mucho más jóvenes y que, en teoría, debían tener años por delante para desarrollar su pasión. El ciclismo español no es ajeno a estos males y son varios los ciclistas que a pesar de tener menos de 30 años han optado por parar en seco su intención de seguir compitiendo y colgar la bicicleta. En cierto sentido es interesante el análisis de uno de los déficit del deporte profesional y, por tanto, del ciclismo: cada vez hay más atención a los detalles físicos y el análisis de los datos de potencia, entrenamiento, recuperación… pero la atención psicológica no está creciendo al mismo nivel y son muchos los corredores que tienen dificultades a la hora de gestionar los fracasos o incluso las pequeñas decepciones de no estar alcanzando el listón que el propio deportista, su entorno o su equipo marcan como objetivo.