Michael Woods, descubriéndose a sí mismo en la Vuelta

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Michael Woods, junto a Miguel Ángel López. Foto: Bettiniphoto

A estas alturas de Vuelta, la mayoría de las historias sobre los ciclistas están ya contadas. Por ejemplo, casi todo el mundo está al tanto del pasado atleta de Michael Woods, ciclista del Cannondale-Drapac que fue campeón de Canadá de 3.000 metros obstáculos y medallista en los Panamericanos en 1.500. Su historia, por extraña, se ha convertido en una de las más comentadas de la carrera. Tiene 30 años, casi 31, y está corriendo su segunda ‘Grande’ ya como jefe de filas del equipo tras la baja de Talansky.

Hoy, Woods está en fase de descubrimiento. Descubriendo la carrera y a sí mismo. Afronta un fin de semana decisivo en la Vuelta a España con una posición de honor –octavo en la general-, pero con un tipo de subidas en las que realmente no sabe cómo va a funcionar. Y eso es lo realmente bonito de este cuento: a su edad, el canadiense está probando hasta dónde puede llegar para ponerse un listón y tratar de superarlo en 2018.

“Es un tipo increíble y, sobre todo, un tipo que quiere convertirse en ciclista. No sólo en cuanto a condiciones, también quiere aprender a controlar las situaciones tácticas, ahorrar cuando debe… quiere correr bien”, explica un miembro del cuerpo técnico de Cannondale-Drapac. “Es increíble verlo en las charlas técnicas. No se pierde un detalle. Está atento a todo”, responde otro.

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El equipo Cannondale, trabajando para Woods camino de Cumbre del Sol. Foto: PhotoGomez Sport

Es más, en función de lo que ocurra este fin de semana, Woods se mantendrá en la pelea por la general o la dejará correr para pelear una etapa: “Ahora mismo va bien, pero si en Sierra Nevada –etapa corta pero con puertos muy largos que aún no sabe si le vienen bien o mal- pierde mucho tiempo, dejaremos ir la general y buscará una etapa”, sostiene el técnico.

Sobre todo, Woods tiene ante sí un reto diario, pero también se lo plantea a los directores del equipo, que realmente no saben hasta dónde llegará: “Él ha estado trabajando este verano para subir puertos largos. Sabemos que las cortas y explosivas le vienen bien, pero no hasta dónde llegará en este tipo de subidas. Y sobre todo, cuando aumente la fatiga con el paso de los días”, dice un director. Ya va cometiendo errores de los que aprender, por ejemplo en el Xorret de Catí, cuando atacó con demasiado puerto por delante y finalmente Contador y Froome, que algo de esto saben, se le terminaron yendo. «Noté la adrenalina y ataqué… muy pronto. Estoy decepcionado», dijo después.

Otra área donde mejorar: las bajadas. De hecho, en la pasada Vuelta a Suiza perdió una etapa por no descender como debía. No es que no pueda, es que le pilló desprevenido porque no se había visto en esa situación nunca: “Fue el mejor subiendo. El mejor. Tenía la etapa porque es rápido en meta… pero se cortó bajando. Cuando llegó a meta le preguntaron por qué había perdido el grupo”, dice un auxiliar que estaba presente. La respuesta sorprende en un treintañero: “Normalmente tras un puerto se baja para recuperar. ¡Yo no sabía que las bajadas hacia meta eran tan rápidas!”, contestó con visible enfado. Todo se arregló con risas generalizadas. “Ante todo, es muy buen chico, inteligente y con ganas de aprender. Acaba de llegar. Tenemos que entender su proceso de maduración y no presionarlo, y dará resultados”, cierra.

Las cronos largas también son terreno casi inexplorado para él, de ahí la importancia de la cita en Logroño. Tiene que perfeccionar la postura, mejorar la técnica… mucho trabajo por delante. De momento, las que ha hecho no le han ido demasiado bien. Fue 104º en la etapa final del Giro, 100º en la de Suiza y 124º en París-Niza. Todas son visiblemente más cortas que la del martes. Otro día peligroso del que sacar lecciones.

Como todo el equipo, Woods tiene libertad para buscarse el futuro mientras Vaughters trata de salvar los muebles. La campaña de crowdfunding ya ha superado los 400.000 dólares de recaudación, que serán 800.000 por el compromiso de Fairly Group. Y la progresión que lleva –unos 150.000 dólares diarios en donaciones, apunta a que lograrán ese reto de los dos millones-, pero el entorno del canadiense ya le busca una salida: “No soy como Urán, no he sido segundo en el Tour. Me quiero quedar aquí, pero no puedo esperar y estoy contactando con algunos equipos”, explicaba el corredor recientemente a Velonews.

Hoy La Pandera es un nuevo lugar donde Woods puede rendir con garantías. Es un puerto más largo, pero también tiene pendientes de doble dígito durante gran parte de la subida. De lo que ocurra este fin de semana depende que el atleta que se pasó a ciclista por una lesión en el pie izquierdo afronte su primera general. Futuro tiene, pese a su edad.