Siempre Rigoberto

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Urán estará en la salida. Foto: ASO

Parece que lleva toda una vida y de, hecho, suma ya 12 años en el pelotón profesional. Pero solo tiene 30 años. Él fue el pionero del nuevo ciclismo colombiano. Es Rigoberto Urán. Siempre ha estado ahí. Nunca se fue. Y para los que le habían olvidado lo demostró el domingo en Chambéry.

Es un superviviente. Lo fue en Urrao, cuando la violencia se llevó a su padre por delante y se echó a su familia a la espalda siendo un adolescente. Y lo fue cuando maleta en mano llegó a Italia apenas siendo mayor de edad. Al Tenax. Hoy corre en la élite con el Cannondale-Drapac y antes dejó su sello, dentro y fuera del asfalto, dicharachero, en Unibet, Caisse d’Epargne, Team Sky y QuickStep, guiado por su representante Giuseppe Acquadro. Él es su ojijto derecho pues llevan una vida juntos desde cuando ambos empezaban.

Con solo 21 años, ganó una contrarreloj tormentosa -fue suspendida- en la Euskal Bizikleta y alzó los brazos en el Tour de Suiza nada menos, por delante de Moreni, Kloden, Schumacher, Glomser, Karpets, Cunego, Florencio, Efimikin y Lovkvist. Él sigue, aun cuando sufrió una grave caída en la Vuelta a Alemania: se rompió los dos codos y una muñeca. Algunas cicatrices se lo recuerdan. No se dio por vencido. Él vino a cumplir un sueño y su familia italiana le cuidó.

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Urán, tras su victoria del domingo. Foto: ASO

Con 22 años, ya en el Caisse d’Epargne, fue segundo en la Volta a Catalunya y tercero en Lombardia, podio que repitió en 2012 y 2016. Siempre Rigoberto.

Con el Team Sky, despegó. Vistió el maillot blanco de mejor joven en el Tour -había debutado en 2009- hasta que, enfermo, no pudo luchar por él. Con solo 24 años ya había disputado las tres grandes. Su confirmación llegó en 2012: mejor joven del Giro de Italia, séptimo, y subcampeón olímpico en Londres 2012, batido por Vinokourov.

Lo mejor estaba por venir, segundo en los Giros de 2013 y 2014 -aquí ya con el Etixx-, solo superado por Nairo Quintana y Vincenzo Nibali, respectivamente. Se vistió de rosa y subió al podio con zapatillas. Es Rigo. Único. Amante de la moda y de los zapatos, y que ve más allá del ciclismo. Por eso impulsa, y se implica, en una tienda de ropa deportiva, “Gorigogo”. “Mijitos, el ciclismo es mi vida, siempre pedaleo hacia la meta con berraquera y ahora quiero compartirles algo de lo que me apasiona” es su lema y con el que presenta la web.

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La apretada llegada. Foto: ASO

Y es versátil sobre la bicicleta. Puede ganar de todo, contrarreloj, pruebas de un día, etapas y vueltas de una semana o grandes vueltas, aunque acumula podios y no ha ganado ninguna como pro. La salud, sin embargo, le ha sido esquiva los últimos años y estuvo un paso por detrás en el Giro en 2015 y 2016. Sus últimos triunfos eran de hace dos años.

Tocaba cambiar de objetivos para recuperar su mejor nivel competitivo. Jonathan Vaughters, mánager del Cannondale, se lo propuso: apostar por la primavera, renunciar al Giro y apostar por el Tour. Siempre estuvo presente en la primera parte de la temporada, pero lejos del triunfo. “El nivel en general ha crecido mucho y en todas las carreras. Antes al principio de la temporada se iba más despacio. Desde hace tres años hay mucho nivel, se ha incrementado, desde enero hasta octubre en todas las carreras, y toda está muy apretado”, decía en la Vuelta a Andalucía.

“Siempre he dicho que todo tiene que llegar a su debido momento, aunque es difícil pedir paciencia porque tienes un equipo detrás que te paga para ganar carreras. Yo he estado trabajando como todos los años, incluso mejor. Cuando tú entrenas y haces todo bien, no hay más que hacer y hay que seguir buscando. Todo llega a su debido momento, solo queda seguir trabajando”, repetía. Y su momento ha llegado en el Tour, en el mejor escenario, en la etapa reina, con el cambio roto y en un esprint agónico con el 53×11. No alzó los brazos; pensó que Barguil le había batido como en la Vuelta 2013. Pero esta vez la gloria era suya. No se lo creía, pensaba que le estaban vacilando y ya no borró su sonrisa.

No fue casualidad pues ya en febrero señalaba que disputaría el Tour “con todos los objetivos: ya sea disputar etapas, ayudar al equipo o la general. Es un Tour explosivo, más abierto, con las primeras etapas parecidas a clásicas. Para mí lo importante es llegar bien preparado y estar a disposición del equipo para lo que sea”, aclaraba entonces. Siempre profesional, se ha preparado y aguantó la rueda de Froome, Aru y Bardet en Mont du Chat, mientras que Quintana y Contador cedían. Siempre Rigoberto.

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Maillot abierto, a rueda de Aru y Froome. Foto: Movistar Team

Vaughters maldecía la mala suerte del colombiano y se mostró eufórico cuando se anunció su victoria. “La diferencia entre Rigo y prácticamente todos los ciclistas que he conocido en mi vida es que Rigo nunca pierde la calma. Y es por eso que ganó. A pesar de que tenía esa avería importante, nunca perdió la calma por un segundo. Yo estaba nervioso. Él no lo estaba. Y esa fue toda la diferencia al final”, afirmó sobre su pupilo.

Él abrió la puerta, es “el padre del nuevo ciclismo colombiano”, como escribían en El País. Él llegó en 2006 y después aterrizaron en Europa Nairo Quintana, Henao, Betancur, Chaves, Gaviria… Desde entonces, no ha parado de ser un excelente embajador para el ciclismo de su país. Eclipsado por la explosión de Quintana y por el empuje de Chaves o Gaviria, él ha sabido mantenerse y trabajar en silencio. Los resultados no estaban a su altura pero tenían que llegar. Y en Chambéry alcanzó uno de sus sueños, ganar en el Tour de Francia. Ahora, cuarto, aspira al podio. Más de una década después de llegar con su maleta. Porque Rigo nunca se ha ido.

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