Lieja-Bastoña-Lieja: Pogacar puede con todos… en una carrera que deja abiertos algunos debates

El esloveno Tadej Pogacar cumplió con los pronósticos y venció en la Lieja-Bastoña-Lieja, una prueba en la que no hay rival que pueda estar a su altura. Hasta ahí… sucedió lo previsto. Pero la edición de 2026 dejó abiertos muchos debates y quedan sobre la mesa reflexiones más que interesantes. Vamos con ello.
Tadej Pogacar es el número 1 mundial. No hay discusión. Incluso cuando un corte de salida le pilla mal posicionado, es capaz de reaccionar con el respaldo de su equipo y algunos de sus rivales y acaba aplastando a todos los rivales en las zonas de subida. Otro Monumento para su palmarés.
Paul Seixas es el ciclista que más cerca está del campeón del mundo. Sus exhibiciones en otras carreras así parecían apuntarlo, pero ahora lo ha confirmado en un duelo mano a mano en el que certificó que podía resistir el ritmo de Pogacar en prácticamente todas las subidas. La sobraron 500 metros de la última ascensión. Ahí dobló la rodilla y su plan se fue al garete. Lo que Decathlon y el francés deben analizar es la conveniencia de dar relevos a un rival superior a ti. Puede ser bonito pensando en el juego limpio, pensando en garantizar la segunda plaza… pero si uno juega a ganar, no puede ayudar a su rival.
Remco Evenepoel fue el tercer hombre en el podio. Firmó un sprint descomunal. Pero, una vez más, dejó serias dudas en las subidas. El belga de Red Bull lleva todo el año demostrando una fortaleza extraordinaria en un terreno muy concreto, pero también lleva toda la temporada certificando que en rampas duras no tiene el ritmo de sus rivales. Y eso es un problema. Pudo ganar la Amstel Gold Race o en Mallorca y Valencia, pero en la gran montaña ha hecho agua de forma clamorosa y eso tiene un efecto invisible pero muy pesado: deja una secuela en la cabeza de un campeón. Remco afrontará las próximas carreras con la duda e incluso la certeza de que cada vez que hay una subida, él sufre y acaba cediendo frente a los rivales. Y eso es un síntoma catastrófico pensando en competiciones como el Tour de Francia.


