Cannondale-Drapac, un equipo muy especial

Cannondale-Drapac, un equipo muy especial

Skujins consiguió la única victoria del equipo en la Coppi&Bartali. Foto: Bettini

Jonathan Vaughters es un tipo muy especial. Y, como no podía ser de otro modo, el equipo WorldTeam que ha creado este americano sólo puede ser calificado con esa misma palabra: especial. Nos referimos a Cannondale-Drapac, una escuadra que lucha en el WorldTour con fuertes limitaciones presupuestarias, pero que intenta mantenerse en la élite mundial. Pero empecemos por el principio de todo: Vaughters.

Nacido el 10 de junio de 1973, Vaughters se formó como ciclista en España, puesto que debutó en profesionales con el pequeño equipo Santa Clara. Luego llegaría su paso por US Postal y Credit Agricole y el conocimiento de primera mano del lado oscuro del ciclismo en los años 90. Desde esas primeras pedaladas ya se veía que era un tipo diferente. Por ejemplo, llevaba a las carreras un ordenador portátil que conectaba al teléfono cuando nadie en España había escuchado nunca hablar de la palabra internet e incluso tenía un preparador físico personal.

En el mundo de la gestión de un equipo, sin embargo, la clave no pasa únicamente por Jonathan Vaughters sino también por su conexión con el multimillonario y fan del ciclismo Doug Ellis. Jonathan le convenció para iniciar un nuevo equipo sin patrocinadores: Slipstream. Pero donde otros han fracasado, es decir, en la búsqueda de captación de patrocinadores, ellos han logrado triunfar.

Patrocinadores como Garmin, Chipotle, Transitions, Barracuda, Sharp, Cannondale y Drapac han ido aterrizando en el equipo hasta darle continuidad durante más de una década, pero sin lograr nunca la estabilidad económica necesaria para disputar de poder a poder el cetro mundial con los más grandes. Los cambios constantes de patrocinio o la fusión por absorción en 2017 de Drapac -y antes con la estructura del Liquigas- son buenos reflejos de esas dificultades económicas.

Las limitaciones presupuestarias han supuesto un constante reto para un Vaughters cada vez más apartado del lado deportivo y más volcado en el componente empresarial y en el márketing. Las decisiones ciclísticas suelen recaer en manos del británico Charles Wegelius, pero la gestión global sigue en manos de un Vaughters que tiene muy claro cuáles son sus puntos fuertes: la detección del talento y la consolidación de jóvenes estrellas que, antes o después, acaban marchándose a los equipos con un talonario más poderoso. Eso mismo le ocurrió con Bradley Wiggins en 2009, pero es el proceso corregido y aumentado que vive en la actualidad.

Juanma Garate, Fabrizio Guidi, Andreas Klier, Tom Southan y Ken Vanmarcke completan el cuerpo técnico del conjunto estadounidense.

Vaughers cuenta con buenos corredores, sobre todo, con talentos descomunales, pero sigue con un problema endémico: no tiene demasiados ganadores. Por el momento, únicamente han sumado una victoria en 2017: Toms Skujins se llevó una etapa del Coppi Bartali. Pero también es cierto que han sido podio en París-Roubaix con Langeveld y lo rozaron en Flandes con Van Baarle, por lo que tampoco podemos ser muy críticos con el rendimiento global del equipo. Ese es el resumen de lo que también fue su campaña 2016, cuando sumaron 10 victorias, pero ninguna en el calendario WorldTour. Y, sin embargo, hubo actuaciones colectivas muy interesantes, aunque no fueran rematadas con triunfos.

Para 2017, la plantilla está creciendo, aunque las victorias aún no lo certifiquen. El canadiense Michael Woods es cada vez menos una sorpresa y va camino de consolidarse en la elite. Y no podemos olvidar a veteranos como Rigoberto Urán o Sep Vanmarcke, al que la mala suerte ha dejado fuera de combate en el momento álgido de su temporada de cláscias después de haber sido tercero en el antiguo Het Volk.

El equipo necesita urgentemente el salto de calidad definitivo de Andrew Talansky (5º en Vuelta a España de 2016) o que Pierre Rolland empiece a dar señales de vida, puesto que la adaptación del francés no ha sido todo lo positiva que esperaban. Igualmente, que Tom-Jelte Slagter termine de confirmarse con grandes resultados.

Otro ciclista del que se espera mucho es Taylor Phinney, uno de los mayores talentos nunca vistos en Estados Unidos, pero que entre lesiones y falta de consistencia no está llevando la evolución esperada. Todo lo contrario podemos decir de Davide Formolo (1992), 9º en Vuelta a España de 2016 con apenas 23 años y ya ganador de una etapa en el Giro de Italia. O de Alberto Bettiol (1993), tercero en Polonia en 2016 y top10 en tres clásicas WorldTour del final de temporada con 24 años. Joseph Dombrowski (1991) y Ryan Mulllen (1994) son otros dos de los que se espera que exploten.

En ese sentido, resulta curioso que los ciclistas que más y mejor están creciendo en el seno de Cannondale-Drapac no sean los estadounidenses, australianos o neozelandeses… sino los italianos. Esa es la mezcla tan curiosa de un Cannondale-Drapac que prácticamente nunca mira hacia España, a pesar de tener su sede en Gerona, pero que para esta temporada ha buscado un ciclista en nuestro pelotón que resume a las mil maravillas la filosofía del equipo de Jonathan Vaughters: el escalador Hugh Carthy, corredor con muchísimo potencial deportivo, con mentalidad británica, pero con formación española después de dos años corriendo en Caja Rural y viviendo en Pamplona.

Carthy es la última pieza añadida en un puzzle que busca la explosión definitiva de alguno de sus jóvenes talentos y que ofrece lo que otros equipos más poderosos nunca pueden ofrecer: libertad para que los ciclistas puedan desarrollar su potencial en las grandes carreras del calendario mundial. O dicho de otro modo, es cierto que les cuesta un mundo ganar cualquier competición, pero no lo es menos que gracias a Vaughters y su particular filosofía estamos descubriendo muchos jóvenes que están llamados a asentarse en la élite mundial en un plazo muy corto de tiempo.

La plantilla del Cannondale-Drapac en Zikloland

La rotunda apuesta del Cannondale-Drapac por las clásicas

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