El ciclismo ha conseguido uno de sus triunfos más grandes de la década. Sí, los titulares hablarán de la exhibición de Jumbo-Visma y más específicamente de Jonas Vingegaard, pero la otra gran noticia del día -incluso más que el nombre del vencedor- es el espectáculo ofrecido a los espectadores. Nadie ha podido dormir la siesta. Y muchos menos los fans de Jumbo y de UAE. Día grande y día para recordar.
La 11ª etapa del Tour de Francia de 2022 va directa a los libros de historia del ciclismo. La épica comenzó a más de 60 kilómetros de la línea de meta, cuando Jumbo-Visma comenzó a lanzar ataques con sus dos líderes: Primoz Roglic y Jonas Vingegaard. Y en el camino iban parando a hombres de la fuga y lanzando a gregarios que rodaban en el grupo. Todo para marcar un ritmo endiablado y aislar a Tadej Pogacar.
El esloveno Pogacar asumió el reto en primera persona. Y tal vez ese fue su error. No quiso esperar la posible llegada por detrás de Marc Soler, Brandon McNulty o Rafal Majka. Fue Pogacar el que saltó una y otra vez a perseguir la rueda de Roglic y de Vingegaard. Lo segundo es lógico. Lo primero generaba dudas, puesto que se veía a Roglic al límite y además es un corredor que ya iba con tiempo perdido.
Finalmente, todo se reagrupó a pie del puerto final: Granon. Y ahí pareció que íbamos a vivir una exhibición de Pogacar, ya escoltado por Majka. Sin embargo, Vingegaard atacó y se vio que el líder hacía aguas como jamás le habíamos visto. Pogacar perdió 3 minutos -contando bonificaciones- y demostró que es humano. Vuelco en la general del Tour y en la naturaleza de la carrera: Jumbo pasará al modo defensivo y Pogacar tiene que activar toda su potencia para intentar darle la vuelta a una situación que, de repente, se ha convertido en casi desesperada.
