La Federación Británica de Ciclismo (British Cycling) y la empresa Shell UK Limited anunciaron recientemente un contrato de patrocinio por ocho temporadas, es decir, vigente hasta finales de 2030. Y la polémica ha estallado, con activistas irrumpiendo en la sede oficial de la federación de Mánchester para mostrar su posicionamiento crítico hacia este acuerdo.
El acuerdo entre Shell y la Federación Británica incluye también el programa paralímpico. David Bunch, presidente de Shell Reino Unido, dijo: «Estamos muy orgullosos de convertirnos en patrocinador oficial de British Cycling. Esta asociación refleja las ambiciones compartidas por Shell Reino Unido y British Cycling de llegar a un nivel cero de emisiones en el Reino Unido, así como de fomentar formas de transporte de bajo y cero carbono, como la bicicleta y los vehículos eléctricos. Trabajando juntos podemos conseguir un cambio real para la gente de todo el país».
El problema es que el movimiento ecologista mundial no ha visto con buenos ojos esta asociación. Grupos como Amigos de la Tierra desplegaron pancartas en la misma sede de la federación con lemas contundentes: «Fuera Shell del ciclismo británico». En ese sentido, Mark Steven explicó: «Toda la ciencia dice que los combustibles fósiles han causado la crisis climática. Shell pretende ser una empresa ecológica, pero ha gastado más dinero en publicidad que en energías renovables. Y British Cycling en realidad les está ayudando a parecer ecológicos cuando siguen provocando la crisis«.
La polémica certifica lo mismo que estamos viviendo en el Mundial de fútbol de Qatar: el deporte es gestionado como una empresa, pero los aficionados buscan mucho más que resultados empresariales en el deporte profesional y aspiran a que sea un modelo ético.
