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MMR & Lagos de Covadonga, disfrutando de una cima mítica

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Lagos de Covadonga es una de las subidas más icónicas de nuestra geografía desde que se descubriera para el gran público en el ya lejano 1983. Ya solo eso es suficiente atractivo para acudir a la prueba que este mítico puerto da su nombre. Prueba de ello es que las 4.500 inscripciones para la marcha Lagos de Covadonga Ride by Movistar que organiza el Club Ciclista Navastur, con la colaboración de Unipublic, se agotaron en apenas 72 horas.

Lo que da buena cuenta del interés de los cicloturistas por participar en esta prueba. Así que cuando recibí la oportunidad de acercarme a la mítica cima asturiana de la mano de MMR, con el reclamo de probar su nueva gama 2020, no lo dudé.

Tras un rápido viaje a Avilés a la sede de MMR, iniciamos este periplo por el Principado, en el que nos presentaron las líneas de la gama 2020 así como el personal que nos haría de cicerones en estas 48 horas. Tras mostrarnos y echar un primer vistazo a la nueva Miracle equipada con Sram Force Etap AXS que me acompañaría en esta aventura, partimos hacia nuestro campamento en Cangas de Onís con la guía del equipo de la firma de bicicletas asturiana. De los detalles de la bicicleta en cuestión os daremos buena cuenta en un próximo artículo.

Ya desde mi llegada a Cangas de Onís el día anterior a la cita, se puede apreciar la cuidada organización del evento, así como el músculo que aporta Unipublic. Se ven ya la flechas que indican el recorrido (las misma que puedes ver en la etapas de la Vuelta), parkings bien señalizados, así como una zona acotada con una pequeña feria comercial con diferentes marcas (algunos muy bien cuidados por cierto) en la cual se encuentra el punto de recogida de dorsales y algo muy importante en esta marcha: el depósito de ropa que nos subirán a la cima de Lagos al día siguiente para poder hacer el descenso secos y sin morirnos de frío. Todo ello amenizado desde un gran camión pódium con rotulación de la Vuelta con la inconfundible voz de Juan Mari Guajardo, lo que te va haciendo ponerte en ambiente.

Una vez cumplido el trámite, y gracias a los “sherpas” que nos han organizado la logística, pudimos disfrutar de un tarde relajada y disponernos a velar armas de cara a la cita del sábado, amén de hacer de turistas, fotografiar el famoso puente romano, comprar un buena algunos productos típicos de la región para llegar a casa y degustar de la gastronomía local. También nos ponen sobre aviso de lo que nos espera en el recorrido.

Sobre el papel, es un recorrido sencillo. Una primera parte fácil, llana, salpicada por algún repecho hasta llegar al primer avituallamiento (48 km), que transcurre por la carretera paralela a la costa. A pesar de su aparente facilidad orográfica, es la que a mi más incertidumbre me suscita. Me explico: Seremos casi 5.000 ciclistas, de diferentes niveles físicos, técnicos, con objetivos distintos, y sin algo que haga una selección natural compartiremos mucho terreno juntos, y lo que menos deseo en formar parte de las tan temidas montoneras. Una vez superada esa primera parte se encadenan dos subidas, al alto de la Torquería (7 kms al 8%) y Alto Riensena (9 kms al 4%) antes de llegar al segundo avituallamiento para después subir los Lagos (12 kms al 9%). Es un encadenado que no tiene más secreto que conocerse a unos mismo e ir guardando para poder “disfrutar” de la subida final.

Una vez pasada una tranquila noche, realizo acopio de las últimas energías en el desayuno. Dudas de siempre antes de comenzar: ¿Todo de corto? ¿Manguitos? ¿Chaleco? En este caso yo opto por ir de corto y llevar un chubasquero muy fino por lo menos para la salida. Ya ataviados y acercándose las 7:30 de la mañana partiremos hacia la línea de salida situada frente al Ayuntamiento, en la vía principal. Nos metemos en la marabunta. Los ciclistas no solo llenamos la calle principal, sino algunas perpendiculares con el aparente afán de salir lo más en cabeza posible. Es inevitable en eso momentos sentir una especie de hormigueo, de inquietud, como de querer que comience la prueba para quitártelos de encima, y todo ello pesar de que no es la primera vez, ni será la última.

En esos momentos previos a la salida se rinden homenaje a Carlos Sastre (vencedor del Tour) y presente a la prueba, y tienen palabra otros ilustres que participan en la prueba como Perico Delgado o Javier Guillén (Unipublic). Y va quedando menos, me quito el chubasquero, que a pesar del fresco matinal sé que en cuanto me ponga a pedalear me va a sobrar y luego la maniobra de desprenderme de él puede ser peligrosa. Típica cuenta atrás, llegamos al cero, y el sonido de la calas encajando en los pedales retumba en mis oídos. “¡Por favor que no haya caídas!”.

La salida es rápida, el grupo circula unido pero estirado, por lo que hay hueco para aquellos que quieren avanzar vayan a posiciones de cabeza. El tráfico está totalmente cerrado, y el coche de inicio de prueba no circula muy lejos de los primeros ciclistas que circulan más agrupados. El ritmo es muy alto descendiendo el río Sella, enseguida hasta la localidad costera de Ribadesella. Cogemos la carretera paralela entre la costa y la A-8, y aparecen los primeros repechos y continuamos tutelados por el coche de inicio de prueba a buen ritmo, por lo que no se producen apelotonamientos y ni se oyen ruidos de caídas. Parece que todos estamos más tranquilos y cuidadosos de ese miedo.

Vamos devorando los kilómetros, en lo que era la antigua vía para cruzar el Cantábrico hasta la finalización de la A-8. Al cabo de una hora y realizados 40 kms vemos brevemente el mar, estamos en la playa de San Antolín de Bedón, una delgada línea de arena a los pies de una montaña que con la luz de la mañana se ve preciosa. En breve, giramos hacia el interior, hacia la cadena de montañas peladas que se levantan poderosas a nuestra derecha. Pasamos el pueblo de Parres donde está el primer avituallamiento que apenas miramos de reojo, ya que apenas llevamos algo más de una hora en la bici.

Llegamos a la parte de los puertos de esta prueba. El primero de ellos es el alto de la Torquería, en el que tenemos un tramo cronometrado cortesía de MMR, denominando como #MMRchallenge, por lo que el coche que abre la prueba nos deja en modo libre y para que el que quiera se exprima al máximo. La carretera se estrecha y comienza como una subida amable, rondando el 5-6%, con cubierta vegetal de eucaliptos y bosque autóctonos. La carretera sale del bosque a una zona abierta desde el que se ve lo queda de subida. Se observa como la carretera serpentea en la ladera de la montaña entre rampas que ya rondan el 8-10%. Está sirviendo para posicionarnos a cada uno en nuestro sitio, y poder contemplar en alguno de los pliegues de la carretera sobre sí misma a los primeros forjarse a gusto, como ver los que nos suceden en un maravilloso espectáculo.

Encaramos el primer descenso, y en él vemos otra de los puntos de calidad de la prueba. Existían algunos puntos peligrosos debido al estado de la carretera en los que siempre se encontraban voluntarios señalando. Las curvas más peligrosas, estaban cubiertas en su escapatoria por unas mallas de publicidad que en tantas ocasiones vemos en la Vuelta. Algo que te da una idea de la cantidad de gente que está involucrada en la organización del evento y de cómo cuidan el detalle. Tras la bajada, sin casi transcurrir un kilómetro por un carretera más ancha, la abandonamos para comenzar la subida al segundo puerto del día.

En este no hay tramo cronometrado y el ritmo vuelve a estar tutelado, al menos en la primera parte, por el coche de inicio. Remontamos un arroyo dentro de un bosque en una carretera estrecha flanqueada por pequeños pastos para ganado vacuno tapiados por piedras cubiertas de musgo. La cubierta vegetal se empieza alternar con espacios abiertos en los que vemos por donde transitamos. Las rampas van cogiendo porcentaje y parece que volvemos a estar al libre albedrío. El puerto se me pasa rapidísimo, aunque me llevo una leve sorpresa, ya que este tenía una breve bajada tras pasar por Riensena para continuar subiendo un tramo más, pero esta vez pudiendo contemplar el valle por el que hemos ascendido.

La bajada está idénticamente igual de bien señalizada que la anterior. De lo que sí que no avisan es de un breve repecho de 1,5 km que tras un tramo bueno de bajada debemos remontar y los que me acompañan parecen contrariarse. ‘Pobres de nosotros si estamos así con una tachuelita ¿cómo afrontaremos la subida a Lagos?’ Una vez superada esta leve dificultad, la siguiente parte del descenso la carretera se torna más ancha y nos conduce a las proximidades de Cangas de Onís para girar dirección Covadonga.

En esta zona nos encontramos el segundo avituallamiento en el que sí paró a repostar. En el mismo no falta de nada, o yo al menos yo no echo nada de menos. Tiene fruta húmeda como melón o sandía, plátanos, bollería industrial, frutos secos, sándwiches de jamón y queso, algunas golosinas y bebidas de todo tipo. El espacio era amplio y con varias mesas repitiendo el patrón de reparto de comida para evitar las aglomeraciones cuando llegase el grueso del pelotón. A destacar, la presencia de varios urinarios portátiles para poder orinar o incluso defecar sin tener que hacerlo en las inmediaciones del propio párking con el hedor y suciedad que ello pudiera conllevar. Aun así, alguno le pareció demasiado trabajo abrir una puerta y subir un escalón para hacerlo. Estaría guardando fuerzas para la subida final, quién sabe.

Volvemos a la carretera con el gaznate y el bidón lleno, nos queda por delante la durísima subida a Lagos. La carretera comienza a picar para arriba en las primeras vistas que tenemos de la Basílica que rinde culto a la Santina y llegando al conjunto monumental y coger dirección Lagos, estas se tornan en un constante 10% con algún tramo al 7% que parece un descansito, todo esto dentro un bosque de inmensos tilos. Ya desde la base, se concentran muchos de los amigos o familiares que acompañan a los participantes, dando un buen ambiente a la ascensión, haciéndola más llevadera con sus ánimos. Es al finalizar ese primer tramo duro que llegamos al Mirador de los Canónigos, el bosque se abre en ocasiones y aparecen los primeros terrenos para mantener el ganado cercado.

La pendiente se vuelve a situar constante entre el 9-10% y serpentear levemente, hasta que llegamos a un desfiladero, y desaparece el bosque para quedar solo piedra y algo de hierba, tenemos un pequeño valle a nuestra derecha y subimos pegados a una loma un rampa del 15%.

Estamos en la temida Huesera. Tras un tramo del 1-2% cogeremos otro tramo con doble dígito para llegar al mirador de la Reina. Es a partir de aquí donde alternamos tramos duros y algún pequeño descenso que nos hará tomar un leve respiro. Estamos ya a mucha altura, el paisaje es más drástico, y los Picos de Europa se ven tímidamente entre un cielo cada vez más gris. La última bajada antes del repecho final nos deja la bella imagen del Lago de Enol antes de encarar el repecho final en el que se termina la etapa de la vuelta desde que entramos en el siglo XXI, dejando a nuestra derecha el antiguo. Un sprint, volvemos brevemente sobre nuestros pasos, ya la tenemos hecha.

Arriba nos encontraremos una zona con avituallamiento abastecido de la misma manera que en los anteriores, pero con la tranquilidad de que el cronómetro ya está parado. Aun así, no tenemos que olvidar que debemos recoger nuestra bolsa de ropa seca para quitarnos la sudada durante el día y poder tener un mayor confort térmico (casi toda parte de arriba: interior, maillot y un cortavientos o chubasquero) porque ahí arriba llegábamos a duras penas a los 10º.

A pesar de que el cronómetro se paró hace ya unos minutos, y hemos recobrado el aliento, no falta la sonrisa, y estamos ya de batallitas entre los conocidos. Esta marcha no concluye en la cima. La gran mayoría de los participantes tenemos nuestro campamento en Cangas, por lo que tendremos que retornar sobre nuestros pasos para llegar a nuestro punto de partida. Esta vez, en sentido contra-marcha y mientras muchos compañeros de aventura están en sus últimas pedaladas, por lo que lo hacemos por nuestra derecha y siempre atentos. Además la organización acota en ciertas curvas un paso con que dividen los que descendemos con los que ascienden con el fin de evitar sustos, y todo ello bajo la atenta mirada de alguno de los casi 300 voluntarios que han hecho posible esta prueba. Es un descenso en el que invertimos casi tanto tiempo como el ascenso, así que paciencia.

Una vez llegados a Covadonga, y con el tráfico ya reabierto, retornamos al punto del que partimos a las 8 de la mañana. Pero la “fiesta” no acaba. La prueba nos ha dispuesto de duchas y en el stand de la prueba podemos si queremos recoger una bolsa de comida (tal vez el único pero de la organización; ya que era un poco escaso: un sándwich, ensalada empaquetada y un refresco) y un snack de una conocida marca de congelados por si no hemos tenido suficiente. Es el momento que el que se pueden ver a muchos grupos de amigos comentando las anécdotas del día, tranquilamente a la mesa, o tirados en la alfombra de hierba artificial antes eso sí de volver todos a nuestro hogares y con un gran sabor de boca.

En definitiva un gran día para disfrutar de la bici, con la excusa de subir un puerto mítico y con un organización de diez y en la que seguro que más de uno repite experiencia el año próximo. Yo me apunto.

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