La segunda etapa del Criterium del Dauphiné repite, en cierto modo, el perfil de la jornada inaugural: no podemos hablar de un día de alta montaña ni tampoco de una jornada plácida y apta para velocistas puros. Hay dureza y puertos y todo dependerá del ritmo del pelotón. Es muy probable que veamos un sprint de un grupo más o menos reducido.
El Criterium del Dauphiné ofrece una segunda etapa interesante: entre Saint-Péray y Brives-Charensac se deberán disputar 169 kilómetros y lo que es más importante: casi 3.000 metros de desnivel acumulado. Estos datos certifican que hay terreno suficiente para que velocistas como Dylan Groenewegen sufran de lo lindo si quieren resistir en el pelotón y afrontar la recta final con opciones de pelear por el triunfo.
Con este perfil, lo más lógico sería una llegada para lucimiento de corredores como Ethan Hayter (Ineos Grenadiers) y el propio líder: Wout van Aert (Jumbo-Visma). No hay que olvidar que la etapa cuenta con cuatro puertos puntuables: dos de tercera, uno de segunda y uno de cuarta. El momento decisivo es la subida al alto de Mezilhac, un puerto muy largo y tendido que llevará a los corredores hasta una meseta. La organización dice que son 11,6 kilómetros al 4,1%, pero lo cierto es que la subida es mucho más larga.
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