El Criterium del Dauphiné vuelve a sus esencias después de varios años en los que muchos de los corredores acabaron quejándose por un trazado que incluía cuatro e incluso cinco etapas de máxima exigencia y disputadas de forma consecutiva. Este año regresamos a lo que podría considerarse como un trazado clásico: montaña y contrarreloj, pero sin abusos.
La primera etapa se disputa sobre 193 kilómetros entre La Voulte-sur-Rhône y Beauchastel. El trazado podría acabar en un sprint, pero muy difícilmente será un sprint masivo. Hay puertos suficientes para que sea un día de desgaste y habrá que comprobar si algún equipo asume desde esta jornada inaugural el peso de la prueba. Muchas miradas estarán puestas en Jumbo-Visma, así que habrá que ver qué piensan los ciclistas amarillos.
El primer final en alto de la carrera llegará el martes, con la meta en Chastreix-Sancy, con poco más de 6 kilómetros al 5,6% de pendiente media. Hablamos, por tanto, de un puerto de 2ª categoría y no muy duro pero metido dentro de una jornada que no será sencilla de controlar.
El miércoles llegará el turno de los contrarrelojistas: entre Montbrison – La Bâtie d’Urfé son nada más y nada menos que 32 kilómetros de esfuerzo, terreno más que suficiente para ver diferencias muy importantes.
El fin de semana regresa la montaña. El sábado los corredores deberán superar un final en subida: Vaujani, con 5,8 kilómetros al 7,2% de pendiente media. De todos modos, la gran montaña aparece el domingo: etapa entre Saint-Alban-Leysse – Plateau de Salaison, con puertos como la Colombiere y con una subida final realmente exigente. Serán 11,4 kilómetros al 8,9%. Hablamos, por tanto, de una etapa con nivel de Tour de Francia y que servirá como test final para los corredores.
