Los controles antidopaje nocturnos son el principal punto de comentario dentro del Tour de Francia. Pero empecemos por los hechos antes de ir con el análisis: Jonas Vingegaard pasó un control antidopaje a las 2 de la madrugada mientras que Tadej Pogacar tuvo que hacerlo a las 5. ¿Legal? ¿Ético? Y, sobre todo, ¿sostenible en el tiempo?
La Unión Ciclista Internacional no realiza física ni directamente ningún control antidopaje. La máxima federación del ciclismo mundial tiene subcontratado todo ese apartado de lucha contra el dopaje. Por tanto, es una institución como la ITA la que se encarga de vigilar a los ciclistas, con mención especial para la AFLD, agencia francesa antidopaje, una entidad que no siempre tiene buena relación con la ITA y con la UCI y que suele ir por libre.
El primer punto que hay que aclarar es el objetivo de estos controles en mitad de la noche. Los organismos internacionales saben que hay un horario habitualmente protegido: desde las 23 horas hasta las 5 de la mañana. Se entiende que es la fase de sueño y no se hacen controles en ese período… salvo lo sucedido hace apenas un par de noches. Y es que pasar un control en mitad de la noche es una posibilidad que tiene una agencia antidopaje para intentar detectar algún tipo de micro-dopaje. Es decir, si un ciclista sabe que hay productos que se eliminan en el cuerpo de forma veloz, un control en mitad de la noche puede ser el mejor método para detectar microdosis de sustancias prohibidas.
Por tanto, con una lectura detallada, nadie cometió una ilegalidad durante el Tour de Francia al solicitar una muestra de orina y sangre a las dos de la madrugada. Pero es igualmente cierto que ese control no puede ser considerado como un sistema de trabajo estable a medio y largo plazo. O dicho de otro modo: siendo esto legal, ¿qué sucedería si se hicieran controles todas las noches del Tour a un ciclista entre las 1 y las 4 de la madrugada? Es evidente que ese corredor acumularía un cansancio tan grande que haría imposible que pelease en igualdad de condiciones con sus rivales y acabaría perdiendo la carrera por puro desgaste físico.
Es más, algunos expertos en lucha antidopaje han criticado a las instituciones afirmando que casualmente no se han hecho controles nocturnos a los ciclistas franceses y sí a sus rivales. Dejando a un lado argumentos más o menos nacionalistas, la solución correcta no es que ahora tengamos controles nocturnos para los franceses para así compensar lo sucedido con Pogacar y Vingegaard. La solución correcta es que haya un protocolo de lucha antidopaje que respete el descanso que un deportista merece tener en una competición que dura 21 días y que obliga al organismo a un desgaste físico brutal.
Todos queremos un deporte limpio y hay que buscar alternativas inteligentes para detectar posibles tramposos. Pero no hay forma humana correcta de buscar el dopaje si para ello tenemos que establecer un sistema que no es justo (no trata a todos igual) y que no es sostenible (si se aplicara los 21 días llevaría al corredor en cuestión al abandono puro y duro por agotamiento). Por eso las instituciones tienen la obligación ética de buscar otro método para detectar a los tramposos y no condicionar la carrera. Vingegaard se fue al suelo y se rompió la clavícula justo después de ser despertado a las dos de la mañana y pasarse una hora desvelado entre el control, la firma de documentos y la vuelta a la cama. ¿Casualidad? Puede ser casualidad… pero no hay nadie que piense que un deportista está en igualdad de condiciones con sus rivales y tiene la misma frescura física y de reflejos si se le obliga a interrumpir su sueño durante una hora en mitad de la noche.
